Los Samadhi del Sabado | Ep.16

Los Samadhi del Sabado | Ep.16

Los Samadhi del Sabado – Las facetas del diamante

El Arco del Triunfo, construído en homenaje a las victorias de los Ejércitos napoleónicos, uno de los símbolos de París que da la bienvenida a 1,5 millones visitantes al año, ya recuperó su rostro original, para la conmemoración del final de la segunda guerra mundial, cinco meses después haber sido saqueado y sus obras destruidas parcialmente en un reciente evento extremista.
 
Nadie habla de eso. Sin embargo, el amable repartidor que me trae los volantes impresos para el 8º Festival del pan francés me habla de incendio de la Catedral Notre Dame de Paris con el mismo asombro que si fuera su casa, su barrio.
 
No conoce París ni Francia, pero me doy cuenta que un vínculo sutil, un lazo del corazón vibró en él al ver esta magia de madera, piedras y fe arder como un atado de trigo en el cielo de Francia cuyos colores no conoce .
 
Y la intensidad de la emoción casi unánime en el mundo surge como un diálogo universal, una búsqueda en un mundo infinito a menudo negado por el materialismo que circunscribe nuestra vida cotidiana.
 
Más allá de cualquier patrimonio específicamente religioso que podría ser recusado por las mentes elaboradas, Francia, quiérase o no, simboliza un proyecto arraigado en la civilización occidental para reunir a Europa y la humanidad en torno a ciertos valores universales, basado en vencer los horrores de la guerra.
 
La paz es inseparable del respeto a la igualdad, la tolerancia, los derechos humanos y el reconocimiento de la diversidad de culturas y creencias.
 
Pero la paz es frágil y endeble: nuestro mundo tiende a fracturarse sin ningún otro horizonte o perspectiva que nuestro poder adquisitivo frente a la inseguridad y la escasez en la que viven millones de personas cuyas carencias compartimos diariamente, con total indiferencia, a través de nuestras pantallas cada vez más sofisticadas.
 
En este tiempo presente, cuando parece tan difícil dar sentido a nuestras vidas, fidelidad a nuestros valores, duración a nuestros apegos, el fuego de los robles que durante diez siglos sostuvieron la bóveda de Nuestra Señora nos parece llamar e invitar a aquellos que comparten nuestra necesidad de alimentos culturales y espirituales para cultivar, enriquecer y transmitir la herencia de una civilización propia.
 
Difícil resulta pensar, hablar o ilustrar mejor el significado profundamente humano y trascendente de Nuestra Señora sino evocando a este albañil cuya historia relata que cuando pulía prolijamente una de sus piedras, un capataz le preguntó por qué se esmeraba con tanto cuidado en las cuatro facetas de la piedra si sabía que sólo un lado de la piedra sería visible. El masón le respondió, «porque Dios lo ve como un todo.»
 
En la singularidad de cada civilización, el Centro ceremonial de Caral transmite también, a través de cada una de sus construcciones, esta misma atmósfera de búsqueda de trascendencia del ser humano, más allá de la insignificancia de nuestras vidas, en la búsqueda de la armonía.

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