Los Samadhi del Sábado | Ep.31

Los Samadhi del Sábado – «El otro, este semejante para siempre desconocido»

El número de comentarios recibidos el sábado pasado después del blog «Soltar» me sugiere que el tema de las relaciones de pareja, las relaciones familiares tradicionales o recompuestas, la sociedad en general, plantea para muchos la cuestión del reconocimiento del «Otro».
 
«Ser reconocido en su singularidad» como dijo Hegel. Reconocer que el otro lleva en él toda la complejidad humana.
 
Sin duda, escuchar y percibir al otro implica haber tratado de entenderse a sí mismo, sin mentirse. Entender los pretenciosos pequeños habitantes de este planeta que somos, polarizados entre la razón y las pasiones: ira, celos, poder, delirio, ambiciones, ego y pensamiento, a menudo congelado, lo que reduce al otro a uno solo o unos pocos aspectos de su persona, sin entender que, en la mayoría de los casos, estos aspectos que creemos captar de los demás son sólo los productos momentáneos de nuestra imaginación. En la medida en que un ser está vivo, es un nómada en el camino cuya misión realmente no conocemos y cuyo destino ignoramos.
 
Los niños humanos no se pueden representar el mundo del otro antes de los 4 años, cuando dominan el habla. ¿Cómo podemos creer que percibimos el mundo del otro -en un planeta globalizado- mundializado y poliglota? ¿Cómo puede integrarse la multiplicidad de datos recibidos en un sistema de representación y que no se convierta en una mera explicación basada en una sola causa o justificación?
 
Entender al otro, significa aceptar lo que yo construyo en los demás a partir de mis percepciones semánticas, sensoriales, culturales, es decir, una representación, una traducción, seguida de una construcción que deriva de mi propio nivel de desarrollo, adquirido por una visión de las realidades del medio ambiente y el entorno en el que cada uno de nosotros ha aprendido a ver el mundo. El entorno esculpe nuestro cerebro y los valores de cada cultura varían dependiendo de cómo el entorno sociocultural y la biosfera amasaron nuestras neuronas.
 
En todos los intercambios entre humanos, ahora estamos asistiendo a un fenómeno interesante que consiste en el hecho que, aunque la tecnología nos da acceso a una multiplicidad de datos nunca adquiridos por nuestros antepasados, aunque la humanidad nunca haya dispuesto de tanta información o conocimiento sobre los múltiples fragmentos que componen el hombre, nuestra comprensión de la relación entre dichos elementos es un conocimiento ciego que no pega los fragmentos del rompecabezas ni conecta los elementos adecuados para la educación que proporcione a nuestros hijos herramientas más útiles para hacer frente a los desafíos del mundo que les va a tocar construir.
 
Probablemente sólo en el reconocimiento de nuestras deficiencias, nuestras fallas, nuestros temores existenciales podamos cerrar el círculo entre las deficiencias de los demás y la comprensión de nosotros mismos y del “Otro”.
 
Marie-France Cathelat 24 de agosto 2019

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