Los Samadhi del Sábado | Ep.27

Los Samadhi del Sábado | Ep.27

Los Samadhi del Sabado – » Había una vez un Imperio bordado «.

Bordando los límites de uno mismo viajando por la ciudad, yendo a lo desconocido para medir la propia libertad, trazando su propio camino en el mapeo urbano, viniendo y huyendo de todas las identidades que marchan por la ciudad, vagando en el tiempo, en el exilio de sus raíces. Poner nombres, rostros, sufrimiento en la pista de nuestros pasos en un espacio cuyo anonimato y violencia sólo atraen el olvido, es el reto que la artista Paloma Alvarez nos ofrece en vísperas del Día Nacional del Perú.
 
Este viaje puede ser fundamento en el autoaprendizaje, pero su obra plástica y poética nos recuerda sobre todo que la migración, el exilio, la huida forzada por la supervivencia, la violencia o la falta de horizonte están abiertos a peligros donde los viajes se convierten en un exilio sin límites, la búsqueda del territorio enemigo.
 
En estos mapas, estos planos urbanos creados por la artista nos dicen la jerarquía de los lugares. La fuerza de las palabras que se impone, las esperanzas de pertenencia, y la búsqueda de autonomía se mueven en la conquista de un mundo sin rostro. La memoria del espacio natural e imaginario sobre el asfalto es un correlato de la división entre el universo de narrativas e imágenes que construyen los códigos de intercambio entre los pueblos andinos y selváticos y el orden social occidental implantado en nuestro Ciudades. El árbol es un tema para nombrar la realidad que lo olvida, el barro dialoga con el cemento en busca de esta identidad donde la naturaleza del país se impondría a la tiranía de las ciudades.
 
Ella no nos habla del entusiasmo bicolor, sino de los límites de los universos culturales que chocan en su acercamiento a la relación entre el hombre y su entorno, entre el hombre y la mujer, nos ofrece la transcripción de la oralidad transgeneracional, del conocimiento secreto que fundó la fuerza del Perú, sus silencios y rabias internas tan profundamente enterradas que pretenden haber desaparecido.
 
En vísperas del 198 aniversario de la independencia no sólo del Perú, porque el centro del Virreinato español dejó su huella en muchos códigos de sociedades y normas amerindias vigentes en todo el continente, el camino de los artistas es siempre un camino de reflexión ineludible.
 
Paloma Alvarez superpone la composición estética occidental sobre su herencia de tejido andino, y su obra, recitada en quechua y castellano, está impregnada de un sonido secreto de los “ Apus “que mecieron su infancia. No nos invita a volver hacia lo que esta tierra ha sufrido, muestra lo que el resentimiento alberga en nosotros, nos invita a ver los ideales heridos, a reprocharnos haber sido víctimas, a reconocer lo que nuestros valores podrían tener de quiméricos y con la fuerza de la dulzura, también susurra que es hora de no renunciar a nuestros ideales, sino de hacerlos más realistas para todos.

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